Argentina continúa avanzando hacia un modelo energético más limpio y eficiente. Recientemente comenzó la construcción de la primera planta procesadora de soja de Sudamérica, que funcionará en la localidad de San Andrés de Giles (Buenos Aires), exclusivamente con energía solar. Esta planta tendrá una capacidad de producción de 240 toneladas diarias y apunta a convertirse en el ejemplo a seguir para la industria agroalimentaria del país.

La fábrica contará con 412 paneles solares distribuidos en media hectárea, que generarán 220 kW. Y a futuro, se prevé la instalación de otros 80 paneles, además de baterías de almacenamiento para garantizar un suministro constante. Pero además, el excedente energético será derivado a la red eléctrica local, lo que significará un nuevo beneficio para la comunidad.

El uso de energía solar no solo permitirá reducir el impacto ambiental de la planta, sino también optimizar el proceso de extrusión, mediante el cual se obtiene aceite vegetal y expeller. Otro beneficio de esta clase de energía es que, al ser generada en el mismo lugar donde se consume, permite evitar traslados innecesarios, reducir costos logísticos e impulsar el crecimiento de las economías regionales.

En un contexto donde las fuentes fósiles muestran cada vez más sus limitaciones en materia de cuidado ambiental y costos energéticos, queda claro que la apuesta por energías renovables representa un avance para el sector agropecuario.