En breve comenzarán a regir los aumentos previstos por el Gobierno Nacional para las tarifas de electricidad. La quita de subsidios busca acercar los valores de este recurso indispensable a sus costos reales de producción y distribución. En la actualidad, nuestro país es uno de los que menos se paga por la energía (USD 0.07 por kWh), en comparación a naciones como Haití (USD 0.28) o Alemania (USD 0.35).
En este contexto, la energía solar asoma como una alternativa para que las empresas logren disminuir sus gastos de consumo eléctrico mientras se adaptan a las demandas medioambientales del siglo XXI.
Los paneles solares brindan la opción de transformar la energía del sol en una corriente eléctrica continua que puede trabajar de manera autónoma o acoplarse a la energía de red. De esta forma, no solo se amplían las capacidades del sistema eléctrico tradicional, sino que se puede contar con alternativas fiables durante las interrupciones del suministro.
Otra ventaja de esta clase de energía es que la ley de Fomento a la Generación Distribuida de Energía Renovable (27.424) otorga un beneficio impositivo de 45 mil pesos por kWh instalado a las empresas (con un tope de 3 millones de pesos). A esto se pueden sumar las ganancias por la inyección de la energía sobrante no utilizada a la red, lo que permite recuperar rápidamente la inversión realizada.
Por último, y no menos importante, ahora que el precio de la electricidad finalmente se acerca a los niveles internacionales, la idea de poder congelarlos durante décadas en un país donde la inflación es moneda corriente es una variable fundamental a considerar en el sector productivo.
No por nada el uso de alternativas renovables es una práctica habitual como solución a los altos costos energéticos en otros países del mundo. Por eso es importante que la Argentina consolide este cambio de paradigma, ya no solo pensando a futuro, sino buscando resolver los problemas inmediatos.