En 2019, el 72% de la nueva capacidad instalada a nivel mundial para la generación de electricidad correspondió a fuentes de energías renovables. Es más: en 7 de los últimos 8 años se ha instalado una mayor capacidad de renovables que de combustibles fósiles en todo el globo. De esta nueva tecnología, el 90% corresponde a sólo dos de estos recursos: solar y eólica. Su competitividad está explicada por una continua reducción de costos -más de 80% para la energía solar fotovoltaica y 46% para la energía eólica-, debido a economías de escala y mejoras en la eficiencia de la cadena de suministro.
Si bien la situación derivada de la pandemia puede impactar y desacelerar significativamente este desarrollo, la propuesta de valor que las ha llevado a ser las más competitivas sigue siendo válida y atractiva para inversionistas y sociedades en general. Por este motivo, las energías renovables pueden proporcionar la certidumbre a largo plazo que requieren en estos tiempos los mercados.
Ya que los gobiernos son los responsables de impulsar de manera directa o indirecta el 70% de las inversiones en el sector energético a nivel mundial, son varias las razones por las que las energías renovables deben estar incluidas en los programas de estímulo a la economía actuales.
La recuperación a corto y mediano plazo de la actividad económica debe estar alineada con objetivos de largo plazo, como la sostenibilidad de las inversiones en un contexto de transición energética. Las energías renovables constituyen una fuente intensiva de trabajo descentralizado que proporciona alivio a países en busca de nuevas alternativas de empleo. La implementación de soluciones de energía solar y eólica presenta menores sobrecostos y retrasos en su construcción, lo que permitirá reactivar de manera más rápida el sector de generación a medida que se incrementa la demanda energética y se logra inmunidad frente a la volatilidad de los precios de las energías fósiles.
Por supuesto, más allá del factor económico, también es importante entender la necesidad de considerar escenarios sostenibles desde la perspectiva medioambiental para promover la transición energética: el cambio climático continúa siendo el reto global más importante de la generación actual.
Incluso antes de la pandemia, los esfuerzos de descarbonización de la economía no habían sido suficientes para mantener al planeta en una senda realista para cumplir el objetivo de reducir las emisiones netas de carbono a cero hacia el año 2050. Ahora que frente a la pandemia hemos logrado -dolorosamente- una perspectiva más valiosa acerca de cómo se puede contribuir de manera individual a la solución de problemas globales, quizás logremos ver con nuevos ojos este auspicioso camino.