De acuerdo con un informe reciente de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), durante 2024 las emisiones de carbono crecieron a un ritmo más lento que en años anteriores gracias al impacto de las fuentes de energía renovable (fotovoltaica, eólica e hidroeléctrica).

El estudio también detalla que, sin el avance hacia tecnologías sostenibles, el aumento de las emisiones globales en los últimos años habría sido considerablemente mayor. Además, se espera que para 2025 las energías renovables se conviertan en la principal fuente de generación eléctrica a nivel global, superando al carbón por primera vez en la historia y marcando un hito en la transición energética.

Ya a lo largo de este 2024, la inversión en energías limpias alcanzó los 2 billones de dólares, casi el doble que la destinada a combustibles fósiles. Este impulso fue clave para que, por primera vez, más del 50 % de la electricidad generada en economías avanzadas, como las de Estados Unidos y la Unión Europea, proviniera de fuentes sostenibles, lo que permitió una reducción récord en sus emisiones sin frenar el crecimiento de sus PBI.

Pero aunque esta noticia es alentadora para el futuro, aún queda un largo camino por recorrer en sostenibilidad a nivel global. Países líderes como China siguen avanzando en su transición energética, con un 56 % de la capacidad solar mundial instalada en 2024 y superando el millón de vehículos eléctricos vendidos solo en agosto de ese año.

Sin embargo, en economías emergentes como Argentina, aunque en el primer cuatrimestre de 2024 se logró un récord con un incremento del 21 % en la generación de energías renovables, la inversión y el desarrollo avanzan a un ritmo más lento.

Por eso, para cerrar la brecha y garantizar una transición energética equitativa, es crucial que los gobiernos y las empresas de la región sudamericana se comprometan con políticas e inversiones que impulsen el desarrollo de fuentes renovables. Solo así será posible construir una región más sostenible y competitiva.