Se podría definir a la generación distribuida como la producción de energía de parte de un usuario particular o de una industria utilizando fuentes renovables (como la energía solar) que se conecta a la red de distribución eléctrica tradicional.

Mediante esta modalidad, los usuarios se convierten en “prosumidores”, es decir, que son a la vez usuarios (autoconsumiendo la energía procedente de los paneles) y generadores de energía (inyectando el excedente que generan a la red). Para ampliar sobre este tema podés ver acá.

En nuestro país, esta alternativa está reglamentada desde 2018 por la ley 27.424, que busca fomentar el cumplimiento de los compromisos ambientales asumidos en el Acuerdo de París y le da un marco normativo a la generación distribuida. Cabe señalar que el sector energético es el que genera más emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país (53 %).

De acuerdo a números provistos por la Secretaría de Energía, desde 2020 se ha triplicado la cantidad de usuarios/generadores. Esto no solo genera una disminución en la cantidad de emisiones contaminantes de la Argentina, sino que garantiza una disminución de los gastos en la factura eléctrica de los consumidores. De hecho, el mayor beneficio económico para los usuarios/generadores proviene del autoconsumo.

Para la correcta instalación del sistema fotovoltaico es necesario recurrir a un instalador calificado que lleve a cabo una evaluación del tipo de consumo de cada usuario y analice la mejor ubicación posible para la instalación de los paneles solares.